¿Y si pusiéramos huevos?

Hace días reflexionaba (debido principalmente a mi futura paternidad) sobre la concepción, el embarazo, y todos los procesos bioquímicos, emocionales y sociales que lo rodean. Si bien la mayoría de la gente asume el embarazo como un acto milagroso, yo prefiero interpretarlo como una reafirmación de la forma sorprendente y maravillosa en que funciona la naturaleza y, en general, el universo en el que vivimos.

Lo curioso es que mientras pensaba en la entropía, en el ADN, en células, hormonas, vida en crecimiento, alegrías, angustias, cambios de humor, médicos, pañales, coches, cunas, gastos, preocupaciones y demás, repentinamente asaltó a mi mente el siguiente pensamiento: ¿Y si los seres humanos no fuésemos mamíferos, sino ovíparos?

De allí en adelante todo fue como una bola de nieve que rueda por una pendiente en mi mente:

Imaginen un mundo en el que, llegado el momento, los padres se encuentran compartiendo un huevo. A partir de ese instante comienzan, además de los procesos biológicos naturales para la formación del bebé, todos los rituales sociales a los que estamos acostumbrados.

En primer lugar, hacen aparición los expertos. Todo el mundo a tu alrededor, sin importar si han tenido huevos o no, resultarán expertos en la materia. Te explicarán cómo tienes que colocarte para empollar el huevo, cómo tienes que cargarlo y cómo tienes que limpiarlo. Te recomendarán hablarle al huevo para que el bebé reconozca sus voces, te dirán que lo alumbres con una linterna para estimularlo, y también insistirán en colocarle música de Mozart para que el muchacho o la muchacha salga inteligente.

Pasada la emoción inicial de la novedad, los padres se dedicarán a preparar un espacio adecuado en el hogar para cuidar del huevo, es decir, para empollarlo. Para ello, ocuparán un buen tiempo en la tarea de la decoración del cuarto y el nido del huevo, la pintura de colores, las etiquetas con animalitos, la cinta con figuritas que rodea todo el cuarto, y todas esas tonterías que lucen geniales en las revistas.

Ya que el cuidado del huevo es un asunto muy delicado, después de cursos y charlas, horas interminables de búsqueda de información en internet, conversaciones con familiares y amigos, visitas a tiendas y demás, los padres (al menos, los que puedan) gastarán una fortuna en los implementos necesarios, entre ellos: una avanzada lámpara ultravioleta para conservar la temperatura, un nido de paja australiana auténtica (con ruedas), una bañera especial para huevos, un monitor de dureza y coloración de la cáscara, docenas de camisitas, chaqueticas, franelitas, bufanditas y demás cositas para proteger al huevo mientras se desarrolla el bebé, y un sinfín de otros artículos que en la mayoría de los casos, nunca llegarán a usar.

Las madres y abuelas, por supuesto, despreciarán cualquier tipo de incubadora o implemento tecnológico que pueda servir para empollar el huevo, e insistirán en que la madre deberá pasar sentada empollando, sin falta, las tres o seis u ocho horas respectivas que el huevo necesita para que el bebé crezca sano y fuerte. También, comenzarán a repetir cada día locuras como: no uses ropa negra cerca del huevo porque la cáscara se seca, o no cargues a otro huevo cuando estés empollando porque si no el bebé sale pujón (¡¿?!).

Por supuesto, debido a las características y los ritmos propios de nuestra sociedad, los padres no podrán dejar de trabajar durante una parte del período de desarrollo del huevo, por lo que la madre deberá llevar su huevo al trabajo día a día para empollar en los tiempos reglamentados por la ley.

Quienes tengan vehículo, deberán comprar el pertinente asiento para el carro, en donde el huevito podrá viajar seguro y calientito (al menos, así lo asegurará el fabricante). Aquellas madres que se desplacen a sus trabajos a pie, carrito o en metro, deberán hacerse con un bolso especial (en las tiendas podrán encontrar miles de modelos y marcas diferentes, con estampados, figuritas y accesorios) para colocarse el huevo estratégicamente en el trasero de manera de conservar la temperatura correcta. ¡Imaginen la estación del Metro de Plaza Venezuela, un viernes de quincena a las cinco de la tarde, repleta de mujeres de caminar gracioso con sus huevos entre las piernas, luchando por entrar al vagón, peleando con los sujetos maleducados que se niegan a darle el asiento para poner mejor el huevo!

Como cabría esperar, para el padre y la madre su huevo será siempre el más bonito. Compararán tonalidades de la cáscara, redondez y firmeza con los demás huevos, pero el suyo, siempre, no importa cuán pálido, manchado o rugoso esté, siempre será el más bonito.

Durante las consultas con el ¿obstetra?, el doctor se tomará su tiempo en tocar el huevo, medirle el diámetro, excentricidad y redondez; hará anotaciones y asentirá con la cabeza constantemente, sin decirle a los padres lo que, de hecho, está pensando. En la mejor parte de la consulta llenará el huevo con gel y aplicará el ultrasonido para mostrar en vivo y directo lo que sucede del otro lado de la cáscara.

 En el momento establecido, la madre podrá tomarse su permiso laboral para dedicarse a tiempo completo a los cuidados finales del huevo. Llegada la hora el doctor determinará si el huevo será capaz de eclosionar por sí solo, o si será necesario realizar una… ¿cesárea?

 Si se trata de eclosión natural, los padres tendrán que estar pendiente del momento justo en que el bebé comience a partir la cáscara. Enseguida tomarán sus bolsos y maletas repletas de cosas (ropa, teteros, toallas, pañales, recuerditos y etc), saldrán apresurados al hospital o la clínica, y una vez internados, el doctor, las enfermeras y los padres supervisarán el nacimiento desde el primer desprendimiento de la cáscara.

Si se trata de una… ¿cesárea?, los padres esperarán a la fecha pautada para salir apresurados al hospital o la clínica con sus bolsos y maletas repletas de cosas, y una vez internados, serán llevados a quirófano para ver cómo el doctor toma un bisturí y, en cuestión de segundos, corta el huevo circularmente para levantar la cáscara como una tapa y tener acceso al bebé.

Un par de días después los padres regresarán al hogar, bebé en brazos y felices, guardando como recuerdo unos cuantos trocitos de la cáscara…

 Quizá se habrán dado cuenta de que al parecer pasé por alto un aspecto muy importante en tal escenario, que es el cómo se concibió ese bebé en primer lugar. De entre todas las posibilidades, no sé por qué me viene a la mente la forma de reproducción de muchas especies marinas, en donde la hembra deposita los huevos en un sitio adecuado y luego el macho nada alrededor liberando su esperma. Me pregunto, ¿cómo sería el sexo entre humanos, en ese caso?

Si lo piensan con detenimiento, ¿cuántas otras situaciones curiosas creen que podrían suceder si los seres humanos pusiéramos huevos?

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