Sobre la Escritura Activa y la Escritura Pasiva

Tras unos cuantos años dedicado a la narrativa, y después unos cientos de miles de palabras escritas hasta el momento, he llegado a reconocer la importancia de algo que ya había leído o escuchado decir a los expertos o profesionales del tema, pero que es la práctica y la dedicación lo que te hace entenderlo plenamente: existen, sin lugar a duda, dos maneras de escribir. A esas dos maneras, ambas fundamentales, yo les llamo Escritura Activa, y Escritura Pasiva (Así, con mayúsculas, como para darle importancia).

La Escritura Activa es la que llevo a cabo cuando, entrada la noche, arropado por el silencio y a solas con mi imaginación, me siento finalmente frente la computadora, levanto el procesador de texto, acaricio sensualmente las teclas y a su debido momento dejo salir esa historia, esa anécdota o esos peronajes que tenían tiempo rondando mi cabeza. Así, la Escritura Activa se refiere propiamente al proceso físico y mental de plasmar en el papel (o en su versión digital) aquello que queremos contar. En mi caso, esta es la fase más complicada y agotadora, pues es allí donde le damos forma, carácter y vida a un relato, valiéndonos de todos esos recursos narrativos que conocemos o aprendimos (y soñamos dominar) tras mucho esfuerzo y, como dicen, oficio.

La Escritura Pasiva, por otro lado, puede producirse en casi cualquier momento, pues se trata de todas esas vueltas o visitas mentales y creativas que le doy a mis relatos, personajes, escenarios y situaciones en el día a día, mientras desayuno, almuerzo o ceno, mientras tomo una ducha, me cepillo los dientes, viajo en el metro, manejo por la ciudad, o incluso mientras converso con una persona aburrida o finjo que presto atención en una reunión de trabajo.

Esos efímeros momentos de reflexión, aunque puedan parecer escasos (sobre todo para quienes vivimos presas de la rutina en ciudades caóticas y estresantes como Caracas), en realidad sirven de gran ayuda en el proceso creativo, pues aunque no esté transcribiendo directamente todos esos pensamientos, el ejercicio constante me ayuda a construir los cimientos, o al menos ciertos detalles y aspectos relevantes del relato, que tomarán forma definitiva cuando trabaje concentrado ante el teclado y el monitor. Por supuesto, lo más conveniente es tener siempre a la mano alguna libreta para tomar notas en caso de presentarse una idea importante, o más acorde con nuestros tiempos, hacer uso de las múltiples funcionalidades de los teléfonos celulares o tabletas modernas y crear una nota o un pequeño documento de texto con un resumen o recordatorio de la idea.

Entonces, la Escritura Pasiva sirve como el calentamiento previo a la Escritura Activa, y de este modo podemos derrotar aquel gran enemigo que es la página en blanco, pues al momento de enfrentarla, ya habremos escrito en nuestra mente, unos cuantos cientos o quizá miles de palabras con las qué empezar.

Al menos, a mí me ha funcionado.

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One Response to Sobre la Escritura Activa y la Escritura Pasiva

  1. Vardheren says:

    Neil Gaiman piensa una y otra vez todo antes de escribirlo o eso leí

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