¿Por qué ciencia ficción?

Hubo un tiempo, lo recuerdo, en el que leer era, sobre todas las cosas, un castigo.

Tarea, decían los maestros, y ponían en mis manos pesados volúmenes que debía leer por obligación. Eran grandes clásicos de la literatura universal, lo sé, pero por alguna razón aquellos libros me resultaban tan densos y aburridos que difícilmente podía terminar de leerlos. No encontraba en esos libros, al menos no en esos que mis maestros y profesores me impusieron cuando era un adolescente, nada que fuera capaz de maravillarme y cautivar mi imaginación como se suponía debía hacerlo la literatura.

Un día cualquiera, de paseo con mi familia en un viejo centro comercial de las afueras de Caracas, entramos en una librería y, mientras ojeaba los estantes, mi mirada se vio atraída casi al instante por un libro en particular en cuya portada aparecía una extraña nave como un submarino que flotaba en el espacio sostenida por globos aerostáticos. El libro se llamaba “Lo mejor de la ciencia ficción del siglo XIX” y su autor era Isaac Asimov (en ese momento, un completo desconocido para mi). Por suerte, y ahora que lo pienso, mi padre no vaciló en comprármelo cuando se lo pedí con genuino interés.

Al comenzar a leerlo esa misma tarde supe que, a diferencia de los libros que me hacían leer en la escuela, este lo terminaría y lo disfrutaría totalmente. El libro, una selección de relatos de ciencia ficción del siglo XIX elaborada por Isaac Asimov, contenía historias de Mary Shelley, Nathaniel Hawthorne y Edgar Allan Poe, entre otros.

Después de finalizarlo, sentí de inmediato la necesidad de conocer más sobre eso que el tal Asimov llamaba ciencia ficción, así que tan pronto tuve la oportunidad de ir de nuevo a una librería, me detuve maravillado ante un estante que estaba repleto de unos libritos azules escritos todos por el dichoso señor (Colección 136 de Plaza & Janés de principios de 1990). Esa vez, me llevé la novela “Némesis”.

Me bastó leer apenas un par de capítulos para convertirme en fanático de la obra de Isaac Asimov, y volverme un amante apasionado de la ciencia ficción.

¿Pero qué tenía de especial aquella novela, que había causado aquel profundo efecto en mi? Supongo que, siendo todavía un muchacho, me asaltó lo que algunos llaman el “sentido de la maravilla”. La historia trataba sobre la exploración del espacio, sobre sociedades futuras, sobre personas enfrentadas a la necesidad de abandonar su hogar y su familia en la Tierra con el fin de encontrar una esperanza de sobrevivencia para la humanidad. Desde sus primeras páginas, la obra alimentó mi mente con imágenes extraordinarias e inspiradoras.

Finalmente, un libro era capaz de hacer estremecer a mi propia imaginación.

A partir de ese momento mis lecturas se centraron casi exclusivamente en la ciencia ficción, abordando de vez en cuando la fantasía y el terror. Por supuesto, a medida que fui explorando el género también se fue nutriendo mi conocimiento sobre autores, temas y estilos.

A Isaac Asimov, primero en la lista más por razones circunstanciales que por cualquier otra cosa, comenzaron a unirsele autores como Julio Verne, H. G. Wells, H.P. Lovecraft, Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein, Frank Herbert, William Gibson, Orson Scott Card, Philip K. Dick, entre muchos otros. Con un afán casi obsesivo, buscaba cualquier libro del género que pudiera pagar, tanto en las grandes cadenas de librerías como en los vendedores de libros usados (hoy por hoy, mi colección personal alcanza los 341 libros).

Al mismo tiempo, claro está, fui creciendo, tanto física como intelectualmente, y de un muchacho que soñaba con las historias de la ciencia ficción me convertí en un adulto lector, escritor y estudioso, si se quiere, del género. Mi madurez literaria también me llevó a observar con una perspectiva diferente, y a darle el valor que ciertamente tenían, a aquellos libros clásicos que me habían obligado a leer en la escuela y que tanto había desdeñado.

El asunto, al final, era más bien sencillo: simplemente me gustaba más la ciencia ficción y la fantasía que la “literatura seria”, como algunos fundamentalistas suelen decir.  Mismos fundamentalistas que, por cierto, constantemente tildan a la ciencia ficción de ser literatura infantil y escapista. Según sus argumentos, la buena literatura, la verdadera literatura, debe ser realista, debe tratar los grandes temas de la sociedad y la humanidad, debe poner en manifiesto las alegrías y las tristezas y las pasiones y las debilidades y los horrores de los hombres, debe ser introspectiva, reflexiva, profunda y, sobre todo, seria.

Por suerte, esas palabras sólo representan un reflejo de su propia ignorancia en torno al género.

¿Deseas leer sobre los grandes temas universales?, “Dune” de Frank Herbert, ofrece una visión de un futuro en donde la ciencia y la tecnología, la política, la economía, la religión y la ecología movilizan a los pueblos y a los líderes de la humanidad, revelando sus deseos y pesares, sus traiciones y sus conflictos, tanto internos como externos.

¿Desear disfrutar de una literatura inteligente que trate sobre nosotros, nuestras culturas y costumbres? “Forastero en tierra extraña” de Robert A. Heinlein, se vale de los recursos de la ciencia ficción para explorar las particularidades de nuestra sociedad, en especial de las diferentes formas de entender las relaciones tanto afectivas como sexuales de las personas, todo ello en un contexto, por si fuera poco, religioso.

¿Deseas conmoverte con una historia profunda que hable de nuestra condición humana? “Flores para Algernon” de Daniel Keyes, narra la vida, en la forma de un diario personal, de un joven llamado Charlie Gordon, retrasado mental, que tras someterse a un revolucionario tratamiento médico que promete triplicar su coeficiente intelectual, termina convirtiéndose en un genio. Aunque pareciera una victoria, su conquistada lucidez -se dará cuenta Charlie a lo largo de la historia- sólo servirá para enfrentarlo a la dura realidad de los prejuicios, la envidia, el rechazo, el amor y el odio.

¿Consideras que la literatura debe ser realista, intimista y reflejar los pensamientos y sentimientos más profundos del autor? Casi toda la obra de Philip K. Dick, escritor especializado en explorar el significado de la realidad, el significado de la existencia y el significado del ser, representa una gran autobiografía de su perturbada vida, inmersa en las drogas, la paranoia y la esquizofrenia.

¿Crees que sólo los autores de la gran literatura son capaces de crear relatos de prosa sublime y vocabulario magistral? Toma al azar cualquier obra escrita por Ray Bradbury y te llevarás una grata sorpresa.

Y todo esto apenas representan unos pocos ejemplos de lo que la ciencia ficción y la literatura fantástica tienen para ofrecer.

El hecho de que en la ciencia ficción, los sucesos que se narran casi siempre están ambientados en el futuro o en otros planetas, no quiere decir que aquello que se cuenta no se trata realmente de un aspecto de nuestro presente o incluso nuestro pasado. El hecho de que en la ciencia ficción aparezcan frecuentemente robots o extraterrestres o mutantes, no quiere decir que de quienes se esté hablando en realidad no sea de nosotros, nuestras opiniones o nuestros temores.

La ciencia ficción, en esencia, es una metáfora de la humanidad. Llevando al límite a la imaginación, los autores de ciencia ficción exploran lo más profundo de nuestra mente, de nuestra psicología, valiéndose de los mundos y las situaciones y las tecnologías y las realidades alternas que ellos crean para tratar de entender, al mismo tiempo, qué y quienes somos.

Como cuando era niño, la literatura de ciencia ficción sigue siendo aquello capaz de sorprenderme, maravillarme, abstraerme, enseñarme y elevarme a estados de total fascinación, como ninguna otra clase de literatura ha podido nunca. Muchos podrán afirmar que precisamente de eso se trata el escapismo; pero en mi caso, al menos, cada vez que tomo un libro de ciencia ficción para comenzar a leer, no puedo evitar el verme reflejado en esas páginas y sentir que en realidad existe muy poca diferencia entre quien soy, y lo que estoy por disfrutar.

Gracias a la ciencia ficción; leer, más nunca, volvió a ser para mi un castigo.

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10 Responses to ¿Por qué ciencia ficción?

  1. Lobo7922 says:

    Me recordaste cuando en mi colegio me ponían a leer a Horacio Quiroga y Ernesto Sabato, era como un castigo ¡jajaja! xD
    Recuerdo que mi mamá me decía, yo a tu edad ya había leído a Alejandro Dumas, hasta que un día también casi por casualidad me tropecé con Asimov, que gran legado nos dejó el buen Doctor 🙂

    • Así es.
      En aquel momento, me parecían lecturas muy densas para un muchacho. Hoy en día puedo leerlos y apreciarlos perfectamente, pero aún así, siempre termino decantandome por la ciencia ficción…
      Por cierto, los cuentos de Quiroga son muy buenos, siempre hay alguien que muere de una forma horrible, jejeje…

      Saludos.

  2. juan rrr says:

    Pienso que mucha de la mala fama de la ciencia ficción se la ganó a pulso. Mucha literatura de “ideas” pero escrita con los pies, sobre todo en su boom pulp de los años 30 y 40 .
    Otro problema es que la ciencia ficción visual, TV y cine, se quedaron con los fuegos artificiales y se olvidaron del resto, dejando una muy mala referencia a un género vacio o, por decir lo menos, ligero.
    Llegar al género (en realidad a cualquier género: policial, negro, viajes, etc) con ideas preconcebidas es cuesta arriba y el problema con mucha de CF literaria es que nos acostumbramos, los habituales, a aceptar ciertas reglas no escritas: suspender incredulidad, esperar por las respuestas, deducir poco a poco lo extraño, aceptar lo bizarro como lo normal. Muchas veces es casi como lanzarse al vacio (más de una vez nos hemos dado unos buenos coñazos) pero poco lector está acostumbrado a esto.
    No se, quizás es que yo fui lector antes de leer ciencia ficción, pero igual me asombra que un lector de ciencia ficcion no sea capaz de disfrutar a Stevenson, Dumas, Borges, Quiroga o Conrad cuando esos mismos escritores los ves reflejados en la obra de Vance, Williamson, Dick o Stephenson.

    • Tienes razón, Juan.

      Como en todo, hay literatura buena, y literatura mala. Lo mismo ocurre, en este caso, con la ciencia ficción.

      Como dices, hoy en día puedo disfrutar de igual modo obras como la de Stevenson o Borges, pero en mi caso, sucedió que quizá las obras con las que me introdujeron a la lectura no fueron las indicadas, al menos, para alguien que de por sí se la pasaba soñando y pensando en pajaritos preñados.

      Sin embargo, a veces pienso: entre leer una novela que trate sobre la historia de un padre de familia que debe abandonar el campo para dirigirse a la ciudad a buscar un mejor futuro en un mundo controlado por los corruptos y los poderosos, o leer una novela que trate sobre la historia de un padre de familia marciana que debe abandonar su planeta para dirigirse a la tierra a buscar un mejor futuro en un universo controlado por extraterrestres corruptos y poderosos, por alguna razón siempre termino escogiendo la segunda opcion 🙂

      Saludos.

      • Juan RRR says:

        En muchos casos me pasa igual pero a veces me siento defraudado si la historia funciona igual sin la ficción científica, me parece que fue solo un bello escenario; si puedes cambiar las naves espaciales por barcos y los mechs por piratas entonces algo no está funcionando correctamente por más que me haya divertido un montón leyendolo.

        Creo que en una buena historia de CF debería ser fundamental que la parte científica afecte el desarrollo de la historia, algo como una famosa top-model que se transforma gracias a sus implantes tecnológicos separándose de la humanidad no me imagino como funcionaría en otro género.

    • Lobo7922 says:

      No si hoy en día sí los disfruto, pero fue a través de la Ciencia Ficción que los acepté, no al revés 🙂

      • Coindico contigo, Juan.

        De hecho, uno de los parámetros que yo utilizo para “medir” una historia de ciencia ficción es precisamente eso: si uno quita o sustituye el elemento “especulativo” de un relato de CF (ya sea científico o tecnológico o psíquico o mutante o lo que sea), y la trama o la anectoda o la historia no se desmorona, o sigue sin verse afectada de alguna forma, entonces es posible que se trate de un mal relato de CF.

        Saludos.

  3. Iliana Gómez Berbesí says:

    Vaya, Ronald, yo pensè que era la ùnica estrambòtica que cuando me pidieron que escogiera una temática o autores de LITERATURA UNIVERSAL para Tésis de Grado en la Escuela de Letras, escogiò la ciencia-ficción y a 6 autores de CF: Asimov, Bradbury, Clarke, Stapledon, Sturgeon y Simak. Porque en mi infancia, leía revistas de Fantasy and Science Fiction.
    Y mis profesores de bachillerato me obligaban a estudiar a Eduardo Blanco y Ramón Dìaz Sànchez. No es que fueran malos, pero los anàlisis dejaban mucho que desear…Lo demà no era literatura.
    Grcias por reconocer valores universales en la Ciencia-ficciòn. y gracias por no opinar que la CF está pasada de moda. Todavía tiene larga vida como la melange de Spice melange de Dune.

  4. A mi tambien me encanta la literatura fantastica y de ciencia ficcion. Para mi tambien representa mucho lo que somos y lo que es nuestra sociedad actual. Saludos ^^

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