¡Feliz Cumpleaños, Aidan!

AidanCumpleBlogEl día de hoy, Aidan, cumples tu primer año de vida.

Debo confesarte, a propósito de ello, que jamás imaginé que alguna vez tendría un hijo. Aunque había trazado diversos planes para mi vida y había soñado con numerosas vivencias que, esperaba, se hicieran realidad a su debido momento, la idea de tener hijos nunca ocupó en mi mente ningún lugar especial. Y créeme, no es que me opusiera a tal posibilidad. Simplemente se me dificultaba imaginarme como un padre, asumiendo la responsabilidad más grande que puede otorgársele a ser humano alguno.

Aun así, ocurrió. Y como lo sentí y describí hace un año cuando te tuve por primera vez entre mis brazos, nunca antes en mi vida le había tenido tanto miedo al futuro.

Lo curioso es que hoy, ese miedo que pensé desaparecería poco a poco con el pasar del tiempo, más bien se ha arraigado con fuerza en lo profundo de mi ser. Pero no te sientas mal por ello: en vez de convertirse en algo negativo, ese temor ha servido para ayudarme a crecer, y a enfrentar los retos y compromisos que, he aprendido, significan el ser tu padre. Y es que, si he de resumir lo que ha sido mi vida durante este último año, puedo hacerlo con una sola palabra: aprendizaje.

Aprendí, que el fenómeno de la vida es otra de las tantas maravillas de la naturaleza que me hacen reafirmar mi fascinación por el universo y las leyes que lo gobiernan. Verte crecer, desde que eras apenas un puñado de células en el vientre de tu madre, hasta convertirte en un chiquillo risueño y cautivador, no solo me ha permitido conocerte como la persona única y excepcional que eres, sino que me ha brindado la invaluable oportunidad de experimentar el fenómeno que llamamos vida desde una perspectiva diferente y muy cercana. Espero, algún día, poder mostrarte al menos un atisbo de ese fascinante sendero formado por la razón y la ciencia. Quizás, si te agrada, querrás tomar el camino conmigo.

Aprendí, aunque mis sospechas ya apuntaban desde hacía tiempo en esa dirección, que la mujer es indiscutiblemente superior al hombre, y que la fortaleza, el amor y la entrega femenina, así como ese vínculo inexpugnable que existe entre una madre y su hijo, jamás podrán ser entendidos y asimilados en su totalidad por hombre alguno. Pude confirmar, como lo escuché alguna vez entre discusiones y pláticas con familiares y amigos, que una mujer es madre desde el primer momento de la concepción, pero que un hombre sólo es verdaderamente padre cuando su hijo así lo decide. El amor y la unión que sientes hacia tu madre están determinados por la vida misma. Yo, sin embargo, deberé ganarme tu cariño y tu respeto con sentimientos, palabras, y hechos. Y es lo justo.

Pero también pude darme cuenta de que, no importa cuánto me esfuerce en ser un gran escritor, jamás tendré la capacidad de crear prosa alguna que describa con exactitud la sublime belleza que encuentro ante mí cuando poso la mirada en tu rostro. Supe, incluso desde aquella primera madrugada en la que vi tu ceño fruncido y tus ojos profundos que me escrutaban con curiosidad, que para ser feliz sólo me bastaba eso: verte, olerte, sentirte. Hacerte un par de muecas y contemplar tu risa, escuchar tu graciosa carcajada, ver tu cara encendida por la alegría y la emoción. Jugar contigo, alzarte en mis brazos y hacerte volar. Encontrarte dormido en mi regazo después de cantarte baladas de Rock en aquellas noches intranquilas.

Como ahora lo entiendo, en este tiempo descubrí que todo el miedo y toda la preocupación que desde tu nacimiento se han arraigado en mi interior, no son más que manifestaciones naturales que hacen evidente una clase de amor que nunca creí existía en mí. El futuro, contigo, ahora más bien luce brillante, colorido, lleno de nuevos sueños, objetivos, experiencias, de momentos que ansío compartir, de historias que deseo contarte…

Por enseñarme todo eso y más, hijo mío, te doy las gracias.

Espero, con mis virtudes y mis defectos, con mis fortalezas y debilidades, y a pesar de todo lo que está bien y todo lo que está mal en mí, poder estar día tras día cada vez más cercano a tu altura, y darte el amor, la felicidad y la seguridad que te mereces.

 

Feliz Cumpleaños, Aidan. Te deseo todo lo bueno y lo hermoso del universo.

Te quiere, tu papá.

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